Es de advertir que el camino de Guadix a Almería no existe ni ha
existido nunca más que en el nombre... Márchase la primera
hora por el álveo de un río, cuando el río lleva poco
agua; y, si lleva mucha, no se hace el viaje, y en paz; éntrase
luego en el lecho de una rambla, si la rambla está enjuta; camínase
allí sobre movedizas arenas arrastradas por frecuentes asoladoras
avenidas, dándose muchas veces el caso de que el último aluvión
torrencial haya abierto profundas zanjas o improvisado verdaderos montículos
lo cual obliga a la galera a retroceder en busca de otro derrotero.
Viaje a Almería.
Pedro Antonio de Alarcón (1854)
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Nos apartamos de la carretera nacional –por aquellas fechas en obras para
suprimir curvas – camino de la estación, bordeando el moderno ensanche
y atravesamos rápidamente la población por una angostura,
al pie del cerro donde permanecen los restos de la imponente alcazaba y
cuya topografía ha conformado la peculiar distribución longitudinal
de las calles. El camino de la estación es atravesado, sin puente,
por el río, cuyo cauce tuvimos que remontar (sin las dificultades
que señalaba Alarcón) durante un par de kilómetros.
Al cabo y a la derecha se levanta un grupo de casas, algunas con cierta
nucleación, otras un poco más dispersas entre los huertos.
El lugar se conoce actualmente –y así consta en el mapa 1:200.000
de 1979- como Venta Ratonera, si bien en otro tiempo se le llamó
Casería del Término, aludiendo a la proximidad inmediata
del límite provincial. Se entiendo el límite administrativo
fijado en el pasado siglo por la división provincial de Javier de
Burgos, ya que el límite hidrográfico natural quedaría
entre los términos de Huéneja y Dólar, no entre Huéneja
y Fiñana.
Diversas acequias se deshilan por la zona, haciendo correr el agua procedente
de los veneros de la sierra. Media docena de casas blancas con amplio zaguán,
dos pisos, balcones y tejas, se alinean en la calle única del Término,
casi una plaza por su anchura y los arbolitos plantados. Alineando su fachada
con las demás construcciones, con su campana en la espadaña,
aparece discreta la ermita de San Isidro. Portón de madera claveteada
y con mirillas, lucerna elíptica para el coro tejado de dos aguas
sobre la nave y de cuatro sobre la cúpula del altar.
Dentro tiene sus bancas, el retablo más o menos neoclásico
(dorado y blanco) para tres imágenes: la Virgen del Rosario, un
San José o San Antonio y el San Isidro, con ángel y bueyes
en peana contigua. Paredes, pechina y cúpula con buena policromía,
pese a la humedad de algunos rincones y hasta un púlpito y confesionario
portátil.
Tiene accesos independientes desde la sacristía y la vivienda colindante.
Junto a la puerta de la sacristía, a la derecha del presbiterio,
la placa conmemorativa:
"Fundaron
y costearon esta ermita los propietarios de esta casería, don Bernardo
Bueso García y su esposa doña María Josefa Rivas Mora.
Año 1860".
LÁPIDAS
POR TODAS PARTES
A partir de aquí comienza la búsqueda de enterramientos,
que están en puntos diferentes de la capilla. A izquierda del altar,
un primer recuerdo trágico emerge del artístico mármol
blanco entre doradas letras:
"Aquí
yace doña Francisca Bueso Rivas, que falleció en Granada
el día
28 de mayo de 1865 a los 22 años de edad. Siendo trasladada
por sus queridos
padres a esta morada. RIP."
Igualmente trabajada con primor hace un siglo, la losa que cubre el nicho
del patriarca se presenta simétricamente a la derecha del altar:
"Don Bernardo
Bueso y García falleció en esta casería
el 11 de octubre
de 1879 a los 77 años. RIP. Sus hijos"
Bajo el altar, corriendo una angosta reja que hay a mano derecha, hay una
breve cripta inviolada durante años. Suelta en el suelo, una lápida
grita desgarradora y lacónicamente:
"Laura Roda
Bueso. ¡Hija del alma! Tus padres no te olvidan:"
Sobre ésta,
cubriendo la pared que cierra el osario, una segunda inscripción:
"D. Juan
Bueso Rivas
falleció
el 19 de noviembre de 1882 a los 57 años de edad. RIP."
Aún guarda la capilla otra cripta, al pie de la entrada principal,
bajo una plancha de hierro que cubre estrecha y empinada escalinata. Cinco
nichos vacíos a ras de suelo; otros cinco –de ellos cuatro tapiados
y en aparente ocupados- en una hilera superior, y ajustándose a
la bóveda, otros tres de menos tamaño, también cegados.
Sólo dos nichos tienen lápida con inscripción:
"Doña
Isabel Bueso Rivas falleció en esta casería el día
25 de julio de 1908
a los 84 años
de edad. RIP. Recuerdo de su hermano y sobrinos."
"Doña
Josefa Rivas Mora falleció en esta casería
el 10 de diciembre
de 1892 a los 86 años de edad. E.P.D."
Dicen por el lugar que doña Josefa, la fundadora, suda milagrosamente
en su tumba. Parece que se trata de simples condensaciones de la humedad
ambiente. Por la pared, impecablemente blanqueada, restos de alguna corona
de azabache y una cinta mortuoria ("A mi querido padre") que hace suponer
en la presencia de un difunto masculino en alguno de los nichos sin identificación.
Un familiar nos confirmaría luego el enterramiento de dos hermanos
suyos: Fulgencio y Teresa Company Roda, ésta fallecida a muy temprana
edad.
La Voz de Almería,
de A. Grijalba, del 10 de Febrero de 1980.
Ermita de San
Isidro en Venta Ratonera
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