Los telares de Fiñana


             Uno de los productos de la artesanía almeriense actual es la jarapa. Y es la jarapa de Níjar la que ha alcanzado cierto renombre.
            El hecho de que la jarapa sea prácticamente el único tejido que se fabrica hoy en Almería, no debe de hacernos olvidar el esplendor que alcanzó Fiñana en la época musulmana, en especial durante la dinastía Omeya y posteriormente en la época Almorávide, con brocados, sedas y tapices, alcanzado un prestigio especial todo lo procedente de nuestro pueblo. Esto hizo que Fiñana se convirtiera también en un centro de producción sedero que se surtía de las moreras de la zona (Ver cría de la seda).
             El pasillo de Fiñana se convirtió en la ruta de la seda. Por aquí pasaba toda la seda de Almería, se juntaba con la procedente de la zona del Zenete y las Alpujarras y llegaba hasta los reinos cristianos y los países más ricos de Europa.
            Es de suponer la gran cantidad de moreras que habría en Fiñana y el nivel económico que alcanzaron tanto los agricultores como los artesanos.
            El Reino Nazarí supuso un nuevo esplendor y una renovación técnica al utilizarse indistintamente la trama y la urdimbre, lo que permitió una combinatoria indefinida de colores y motivos. Los pañuelos de seda producidos en nuestro pueblo, eran muy solicitados y conocidos en el reino de León y en el centro de Al-Andalus con el nombre de "alfiñame" o "alfiniame". 
            La conquista por los Reyes Católicos supuso el inicio de una decadencia, pese
a las regulaciones de fomento que estos impulsaron. Al conceder las tierras a los cristianos viejos, estos las fueron dedicando a otros cultivos.
            En el siglo XIX, según Madoz, persistían en Fiñana los trabajos de seda y lino.
 
LA CRÍA DE LA SEDA

    Se conoce como cría de la seda a los primeros pasos de la sericultura: cría de la seda e hilado de los capullos en madejas. Estos trabajos constituían una ocupación complementaria para los campesinos, reportándoles unos ingresos extraordinarios. 
    El primer proceso era la cría del gusano que se alimentaba con hojas de moral, árbol muy bien adaptado a nuestro territorio. La recolección se iniciaba en el mes de abril, ocupando a las mujeres de modo colectivo. El cuidado de los gusanos se realizaba en cajas de cañizo llamadas paneras o panellas, que se guardaban en las habitaciones superiores de las casas por ser las más secas y aireadas. 
    En rústicas cabañas (nagüelas) o en las casas, se hilaban los capullos en tornos rudimentarios, formando un hilo continuo que completaba madejas de poco más de 300 gramos.
    Estas madejas de seda cruda, eran marchamadas por oficiales del emir y llevadas a las alcaicerías para su venta.

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