SENTIMIENTOS FIÑANEROS


Cuando vivimos fuera de Fiñana oímos lo que cada uno piensa de su
pueblo y se aprende a comprender y respetar las opiniones de todos.
              Detrás de cada pueblo está  EL SENTIMIENTO DE SU GENTE. 
              Y no hay que tener vergüenza en mostrarlo tal como se siente.
              Aquí va un ejemplo de como se siente Fiñana desde la lejanía.

 
Quisiera estar en Fiñana,
en el medio de un habar,
con una bota de vino
y un puñaico de sal.


Cuando suena el reloj
las horas ruedan por la vega.
Dan la una, dan las dos.
Las horas suenan que suenan.



Los balcones de mi pueblo,
en primavera,
se ven llenos de claveles
desde la vega.
Van trepando las flores
por las fachadas
dibujando un arco iris
en mi Fiñana.
Quien no lo crea,
que se acerque a mi pueblo
y allí lo vea.
 

La campana del reloj
la tenemos enamorada
de una campanita joven
de la iglesia de Fiñana.
Y por la noche,
sin ningún testigo,
le va cantado las horas
junto al oído.
Y, llegada la mañana,
sonríe la campana mora
a la cristiana.

Cuando tuvo que partir
un emigrante,
Fiñana se puso oscura,
triste el semblante.
Y él repetía:
Nunca podré olvidarte,
Fiñana mía.
 

Camino de la Alcazabilla,
camino del Almoladín,
camino de la Cifría,
camino del Cabalí.
Caminos a los almendros,
caminos al olivar.
caminos en los recuerdos
y sin poderlos pasear...
Esa niña fiñanera
va por la calle
luciendo su piel morena
y fino talle.
Tiene la cara
igual que su madre
siendo zagala.
Nunca podía pensar,
que pasado tanto tiempo,
la iba a recordar...



Agua de la fuente Sergio,
agua de la fuente Matas,
agua de la de Las Viñas,
agua de Sierra Nevada.

Dime como puede ser
que en medio de tanta agua,
te estés muriendo de sed.




 

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Ánimo, manda la tuya.