Indagando
sobre el hospital que había en Fiñana en el siglo XVI, me
encuentro
con
la sorpresa de conocer el nombre de alguien que murió en ese hospital.
Aquí
está la historia tal y como está redactada.
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"Agravio haría yo a un sacerdote de mi tiempo a quien yo traté
y conversé diversas vezes si me olvidasse dél en este Discurso
de Paz , en que tiene mucha parte; y la tiene de presente gozando de Dios,
como piadosamente se cree que le goza, conforme a su buena vida. Éste
fue Pedro de la Plaça, capellán en el hospital de San Juan
Baptista, que fundó el ilustríssimo Cardenal y Arçobispo
de Toledo, don Juan Talavera, extramuros de la ciudad de Toledo. Por veinte
y ocho años que residió en él, y muchos dellos por
importunación de los patronos tuvo el cargo de Capellán Mayor,
que es de mucha honra, y aun a tiempos el de administrador, por estar ausente
el proprietario, nunca tuvo desabrimiento ni descompostura, ni de una palabra
de mal sonido con persona alguna, y esto no por falta de zelo para castigar
y emendar lo necessario, antes lo hazía con tal modestia y pacificación
de su rostro, que los reprehendidos quedavan enmendados y persuadidos a
la virtud, por el respeto que le tenían, conociendo su mucha bondad
y valor. Ayudávale a esta paz escusar ocasiones que suelen perturbarla,
y fue una, que en todo el tiempo que residió en la casa no entró
en aposento particular della, sino estando alguno enfermo o siendo llamado
a algún negocio grave. Otra fue que en un brasero que se pone en
el hospital, en el refectorio, en tiempo de frío, nunca se llegó,
ni en otro que se enciende en la sacristía de la Capilla de San
Pedro, en la Santa Iglesia de Toledo, donde era Capellán. Iva todos
los días bien de mañana en el invierno el largo camino que
ay desde el hospital a la iglesia, teniendo allí una capellanía
del arçobispo don Sancho de Rojas, la renta de la cual, que sería
cuarenta mil maravedís, sin guardar cosa para sí dava a sus
padres, que eran pobres y los tenía ausentes. En semejantes lugares
suélense hablar palabras ociosas, y otras que despiertan iras y
rancores. Él quería padecer antes el frío del invierno
que perder su paz en alguna ocasión. Ayudó assí mismo
a esta compostura y quietud el darse mucho a la oración, aunque
tenía el tiempo tan ocupado que admirava cómo con él
cumplía a negocios tantos y tan importantes. Porque, junto con ir
cada día dos veces, mañana y tarde, a su capilla, y no faltar
en los oficios y cargos del hospital, era contador de la renta y hazienda,
que es oficio que pide todo un hombre. Los patronos le ocupavan en negocios
graves, y fue uno la ocasión de su muerte, porque, embiándole
al reino de Granada al tiempo que se rebelaron los moriscos, a
un pueblo llamado Fiñana, donde el hospital tenía de renta
casi dos mil ducados, y por la guerra andavan a mal término, aviéndolo
allanado, bolvió al hospital en fin de julio del año de mil
y quinientos y ochenta, y cayó enfermo, y al día séptimo
de la enfermedad, que fue en veinte y nueve días del mesmo mes de
julio, con la paz y quietud que vivió, murió. Poco antes
que muriesse, llamó a todos los capellanes y les hizo una plática
celestial, encargándoles la paz y conformidad entre sí y
la caridad con los próximos, y abraçándolos a todos,
desde a poco se fue al Cielo, de edad de cincuenta y un años. Enterráronle
en la capilla del mismo hospital, junto a la reja del Santíssimo
Sacramento. Y
todos los que le conocían le llamavan el Santo Plaça, porque
sin lo que dél se ha dicho, era honestíssimo, y se tenía
por cierto que conservó estado de virgen. Era muy limosnero, y alabávase
de que nunca le faltava qué dar a pobres. Hazía una mortificación
estraña en la comida, de dexar ordinariamente el comer fruta, que
con ser Toledo tan abundante della, tan sabrosa, y de tanta diversidad,
con que se entendía que le era de mucho gusto, sólo usava
de alguna endrina de Mayo, que es de las primeras que salen por las plaças,
y lo demás dexávalo, contentándose con una comida
templada, que era un poco de carnero o huebos."
De
Discurso de Paz.
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