Había
pilares repartidos por todo el pueblo. En ellos bebían los animales
y, en los caños que les surtían de agua, se llenaban los
cántaros para el consumo de la casa.
También
servían para darnos un chapuzón en el caluroso verano.
Los
pilares mas grandes estaban en la plaza de Ntro. Padre Jesús, en
la placeta de Las Iturriagas y en la placeta del chalet de los Acosta.
Todos
fueron desapareciendo como un tributo a las necesidades del tráfico
y
a la escasez de animales.
Pero
no desaparecieron en nuestro recuerdo...
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