EL PAJARITO


                Siempre recuerdo al Pajarito con una sonrisa burlona. Para mi que pasaba de todos pues no se enfadaba por nada que le dijeran. Tenía más mundo que todos los demás juntos.
                Me extrañaba que, habiendo estado tantas veces en el calabozo, la gente se juntase con él. Pensaba que sería un hombre "muy malo". Cosas de niño...
                El Pajarito timaba a todo el que se le pusiera por delante. Tomaba el pelo a los que se querían aprovechar de él. Y vivía de las estafas propias de su época.
                La más famosa fue la de la lotería. Resulta que vendió décimos falsos de la Lotería del Estado. Y con tan mala suerte que resultaron premiados. Me contaron que en el juicio, en su defensa, dijo que, en el sorteo que él había hecho, ese número no había salido premiado.
                Recuerdo como, en el tranco de la Ermita, explicaba los distintos modos de engañar a la gente. Como era el "toco mocho", el sobre de billetes, la lotería falsa... Y hasta como "birlarle" la cartera a un incauto.
                Una de las ventanas del Juzgado de Fiñana daba al patio del calabozo. El Pajarito se sentaba al lado de la ventana leyendo los libros del Código Penal que le iba dejando mi padre desde la parte de dentro del Juzgado. Algunas veces se paraba en algún artículo y no seguía hasta que lo había entendido por completo. Y hasta pedía a mi padre que le fuera haciendo preguntas para ver como iba progresando en sus "estudios". Y, a veces, comentaba:
- Anda, si llego a saber esto, lo hubiera hecho así ( enigmáticas palabras para mi ).
                Una vez asistí a uno de los juicios contra el Pajarito. Yo tenía  nueve años y me pusieron una chaqueta y una corbata para poder entrar en la sala. No me enteré de nada. Todos se reían de las ocurrencias del Pajarito. Quería saber de "leyes" más que el Juez. Al final, harto de él, el Juez lo echó a la calle. Tal como suena.
                Después, para remate, fue un juicio contra el Loco Juan Balas porque la cabra había entrado en una huerta y se había comido unas lechugas. Pero eso ya sería otra historia...
Y seguro que alguien sabrá alguna historia más sobre El Pajarito. 
Pues, nada, a mandarla.
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