Los
días de las fiestas estaban distribuidos de la siguiente forma:
Desde
la bajada de San Antón hasta su día, todo para Él.
El
18, o "día de descanso", para las OLLAS.
El
19 y 20, para San Sebastián.
El
día 21, para LA COMADRE ZORRA.
Recuerdo como, cuando se iba acercando el día, y si algunos se habían
interesado en que fueran divertidas, se buscaban las sorpresas que iban
a deparar las ollas: Que si una tripa de morcilla, que si una de chorizo,
que si un trozo de manta de tocino... (bueno, eso como "plato fuerte").
También se solían meter unas monedas en algunas ollas, pero
esas no iban a llegar al bolsillo del que rompía la olla pues, antes
de que se quitara el pañuelo, ya habían desaparecido del
suelo.
Otras cosas que no solían faltar era el agua en unas y la harina
en otras ( y si alguien dice que lo de la harina no puede ser porque escaseaba
mucho... ¿cómo puedo asegurar al cavo de tantos años
que no era yeso?
Cada año la imaginación de los organizadores podía
idear algo nuevo.
Y, por último, algunos gatos que caían de la olla la mar
de "estresaos". Estos podían haber sido metidos en la olla el día
anterior o esa misma mañana. Es de suponer como salían al
romper la olla.
Recuerdo bien lo de los gatos porque un año, siendo muy pequeño,
me usaron como hurón. Yo entraba en una casa y, mientras los mayores
ponían en la gatera la boca de un saco, me metía debajo de
las camas, en los corrales, en las leñeras... Así, si había
algún gato, este salía disparado hacia la gatera de la puerta
de la calle, cayendo dentro del saco. Me lucí. Cayeron tres.
El día 18, un poco después de comer, avisaban desde La Plaza,
con unos cuantos cohetes, de que las ollas iban a comenzar.
Para allí tirábamos toda la chiquillería y a llegar
nos encontrábamos una soga que iba desde el Ayuntamiento a un árbol
y de la cual pendían unas olla prometedoras. También había
cartuchos de papel de estraza, de los que usaban en las tiendas, con sus
respectiva sorpresa dentro (estos eran para los niños pues no ofrecían
el peligro de los cascotes de las ollas).
Y empezaba la diversión.
Los más osados eran los primeros en participar y aguantar las risas
de los demás a cambio de un premio. Ante todo, alegría sana...
Es un recuerdo sobre las tradiciones
fiñaneras.
DE OTROS COLABORADORES
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¿
Harina o yeso ? ¿Orines
o sucedáneo ?
Pues unas veces era harina y otras yeso.
Aunque también podían ser las dos cosas pues el yeso tenia
el añadido de que, cuando le caía el agua, fraguaba muy rápido
y costaba quitárselo más que la masa que formaba la harina.
Algunas veces se usaban orines y otras, agua con un poco de azafrán.
Pero no creáis, esto enfadaba más que los orines pues manchaba
la ropa.
Los
gatos, de los nervios.
A
ver si algunos van a pensar mal de nosotros.
El
gato capturado se guardaba, como mucho un día, en el saco. El mismo
día 18, se metía en una olla y se tapaba con un cartón
fuerte agujereado para que el gato respirase bien. Después de asegurar
la tapa con cuerdas, se colgaba de la soga.
Cuando
se rompía esa olla, como es natural, el gato salía atacado
de los nervios y si no caía sobre el participante, emprendía
una desesperada carrera hacia cualquiera de las calles, salvando las patadas
que algunos le querían propinar.
Que
no se ofendan los sensibles, pero era así como se hacía...
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Cada
fiñanero tendrá su recuerdo particular sobre
EL
DÍA DE LAS OLLAS
Puedes mandar el tuyo y se agregará a los
que
se vayan recibiendo.
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