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¿ Quién no ha soñado alguna vez con limpiarse el trasero
con unos billetes ? ¿ A que sí ? Pues es un gran placer.
Os lo aseguro.
Nosotros, fiñaneros nacidos en el " año del coleto ", con
más hambre que mocos, con más " matauras" en las piernas
y rodillas que la burra de Gaberriche, algo bueno tendríamos que
recibir, pudimos disfrutar de ese sueño irrealizable para otros.
Pues bien. La escuela de niñas de doña Mercedes Peña
estaba al principio de la cuesta de la Alcazaba. En donde años después
se puso el Spar y frente a donde estaría el Bar Capri.
Las niñas de esa escuela nos contaban que, en la habitación
del retrete, había dos sacos llenos de billetes con los que ellas
se limpiaban. No dábamos crédito a lo que nos contaban y
quedamos en que, por la ventana del retrete, que daba a la calle,
nos echaran alguna muestra. Cuando así lo hicieron nos admiramos
de semejante maravilla.
Nos contaban que ese dinero era de "los rojos" - la verdad es que no había
ninguno de color rojo-, que eran del gobierno de Negrín. ¿
Y quién era ese Negrín que le sobraba tanto dinero?
Quedamos con las niñas en que nos fueran dando billetes y llegamos
a tener un montón cada uno. Lo poníamos dentro de un cartón
doblado como si fuera la cartera de los marchantes cuando iban al mercado.
Hacíamos gala de ricachones encendiendo con un billete los cigarros
de matalauva liados con papel de estraza.
Y, cuando caía la tarde, nos íbamos al " chorrillo " para
terminar de soñar. Nos poníamos en fila al lado del muro
para hacer nuestras necesidades. Acto seguido cada uno sacaba un billete
y se limpiaba con él.
Esos billetes, bien dobladitos, los dejábamos por las calles para
que se llevaran una sorpresa los más curiosos.
Yo, que sentí ese placer,
así os lo cuento.
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