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¡Cuántos recuerdos de aquellos días de frío...!.
Ella nos animaba a que nos frotáramos las manos para coger el lápiz, sin que se nos "arreciaran". Parece que la estoy viendo atendiendo a tantas niñas de todas las edades. A veces perdía la voz, cuando nos estaba dando las explicaciones, y es que yo llegué a contar un curso a 105 niñas. Sí, digo bien, 105 niñas desde chiquititas hasta mayores. Yo era de las medianas, y creo que ese año fue el que se jubiló Dª Encarna, y debió decir algo a la Delegación, porque le mandaron una práctica, la Señorita Remedios. La pobre sintió un gran alivio, pues en esos años no había cuadernos de cuentas ni de escritura. Todo lo tenía que preparar ella: muestras, cuentas... y luego corregirlas. Estábamos tres en cada pupitre y en la banca negra que estaba detrás se apretujaban un montón. Incluso en los tranquillos de madera que había debajo de las ventanas se sentaban algunas niñas, y las que vivían cerca de la escuela se traían sillillas de sus casas. Tampoco se me olvida el olor a zotal del cuartito, que era donde hacíamos el "pipí", siempre limpio y desinfectado por Antonia, la chica que tenía ella en su casa. Por las tardes teníamos labores. Parece que la estoy viendo cómo nos calcaba los juegos de cama y las mantelerías para bordarlas. Yo aun conservo algunos de los que me bordé para mi ajuar, de esto han pasado casi 50 años. ¿Y el mes de Mayo, cuando preparábamos el altar a la Inmaculada para hacer el mes de las flores a la Virgen? De esto se encargaban las mayorcillas. Y cuando me empezó a tocar a mí, ¡cuánto disfrutábamos!, pues como entonces no se vendían flores (por lo menos en el pueblo), teníamos que pedirlas, o "robarlas", aunque para eso teníamos a nuestros "novietes", que se subían por las tapias del chorrillo a los huertos de la Matarina, Juan Alarcón, Dª Patrocinio... Las rosas más bonicas siempre las llevaba mi amiga Nilse, la hija de Juan el Brasileño, a la que nuestra maestra quería mucho, por lo buena que era, y yo también, porque ha sido siempre mi mejor amiga, con esa cara tan dulce que tenía. Nos separamos cuando teníamos 15 años y me acuerdo de ella como si se hubiera ido ayer. Aquí quiero decir, en honor a la verdad, que de que ella llevara las mejores flores se encargaba mi primo Andresito. Me gustaría que todas las alumnas de Dª Mercedes que lean esto aportaran algo sobre ella, pues yo quizás sea la menos objetiva por ser su sobrina. Aunque, como cosa curiosa, os diré que en la escuela para mí era Dª Mercedes, y le hablaba de usted, y fuera era "Tita" y le hablaba de tú. El día que se murió, cuando fui a verla, le besé las manos y llorando le dije: "Todo lo que sé me lo han enseñado estas manos, que siempre las recordaba tan cuidadas". Ahora, que veo desde la lejanía aquellos años, pienso cómo aguantaría la pobre tantas niñas, ¡qué paciencia tenía!, nunca gritaba, siempre dispuesta a atendernos a todas; y se jubiló con su edad, sin estrés ni depresión. ¿De dónde sacaría las fuerzas? porque mira que éramos traviesas. Y lo que no pensaba una lo pensaba la otra. Y es que a principios de los 40 nacimos muchas niñas en Fiñana. Bueno, y niños también; pero como entonces en las escuelas nos tenían separados... Y así un año y otro, hasta tres generaciones, como ella me decía: "Eso es ser maestra por vocación". Un abrazo muy especial para todas las alumnas de Dª MERCEDES PEÑA.
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