LA PEPA
-
Recordar a La Pepa es recordar también a su familia.
Todos están presentes en los recuerdos de la Fiñana de nuestra niñez.


                  Su 1,90 de altura, delgada, su forma de hablar, la caracterizaban. Por la calle no pasaba desapercibida, apenas se paraba con la gente y siempre iba hablando sola y fuerte.
                   - ¡ Adiós, Pepa ! - le decía todo el mundo-. Ella ni miraba. 
                   La Pepa era especialista en dormir niños chicos. Los cogía en brazos, los mecía sobre su pecho y en dos o tres "ea mi niño", el niño se quedaba dormido.
                   La Pepa estaba en casa de mi tía Paca y tío Manuel Morales en la calle Real, donde también residía mi abuela paterna. Cuando yo era chico y decidía ir a ver a mi abuela, la Pepa me recibía sin ningún problema. Ahora bien, si preguntaba por el Santi no me dejaba entrar. Y si estaba barriendo, me echaba con la escoba. A la hora de la siesta me decía que los "sicos" (señoritos para ella) estaban durmiendo y tampoco  me dejaba entrar.
                   Que rabia le daba a La Pepa que le dijeran que su novio era El Niche...
                   Bastián, el tío de La Pepa, era el recadero de toda la calle de los Company, siempre iba con chaqueta que les llegaba hasta la rodilla ¿Quién gastaría esas tallas tan grandes?.
                   Cuando murió Bastián, en la cueva que vivía en el barrio de las cuevas con su hermana Lola, madre de La Pepa, apareció, según dice la gente una gran cantidad de dinero, del orden de ochocientas mil pesetas de la época, debajo del colchón. Bastián no gastaba ni un céntimo. Este dinero lo heredó la Pepa.
                   Tengo recuerdos muy entrañables de La Lola, la madre de la Pepa, era mayor que su hermano Bastián. Ella si estuvo en mi casa mientras hemos sido mis hermanos y yo chicos. Era una gran persona, siempre hablaba de su marido, al cual no conocimos nadie de la familia ya que murió muy joven. Recuerdo de esta mujer que siempre comía en una mesilla baja y en cuclillas. No había nadie que la sentara en una silla para comer. Decía que los antiguos no se sentaban. A nosotros nos quería mucho. Hoy más que nunca estoy convencido de que si hay santos en el cielo, La Lola, madre de La Pepa, es una de ellos.
                   La Pepa todavía vive. Está en una residencia de Almería. 

Francisco Gallego Guindos.
Volver a personajes Volver a rincones