SOBRE LAS FARFOLLAS


       Este es otro recuerdo que va ligado a las costumbres fiñaneras que muestran la solidaridad que existía.
       Cuando se recogía la cosecha de maíz, se organizaban los vecinos para, en unas cuantas noches, juntarse en cada casa y  quitarle a las panochas las farfollas que las envolvían.
       Estas noches eran una delicia para nosotros, los niños. Se juntaban muchos vecinos en una habitación, se sentaban haciendo un corro y, en el centro, iban vaciando los sacos de panochas. Todos se ponían a limpiarlas de farfollas. Las panochas limpias se iban echando en un saco y las farfollas en otro.
       El dueño de la casa, de vez en cuando, sacaba una botella de anís para que todos se alegraran un poco el cuerpo ( aquí, algunos niños listillos, aprovechaban el descuido para dar  también un trago ). La gente no paraba de contar historias del pueblo.
       Según avanzaba la noche y el  anís hacía sus efectos, la alegría se iba contagiando. Esto se repetía cada noche en la misma casa hasta que, terminada de limpiar toda la cosecha, se trasladaba la reunión a  otra casa para seguir con la labor.
       En los días siguientes, se desgranaban  las panochas y se llevaba el grano al molino para hacerlo harina. Esta harina se cernía para separar el salvado, que se dedicaba a la comida de las gallinas y los cerdos, de la harina que se dedicaba a hacer las migas y gachas.
       Y, para no desperdiciar nada, los cabirones se usaban como combustible idóneo para que prendieran rápidamente los troncos de la chimenea.
       Y para hacer nuestras guerras de cabirones ...  
 
Panocha: Panoja, mazorca.

Farfollas: Espata o envoltura de las mazorcas de maíz o panizo.

Cabirón: Carozo. Corazón de la panocha. Lo que queda de la mazorca cuando se le ha quitado el grano.

Salvado: Cáscara del grano de los cereales desmenuzada por la molienda. Lo que quedaba en el cedazo después de tamizar la harina.
 

EL ÚLTIMO DE FILIPINAS

           Recuerdo a un abuelete que se presentaba todos los años en la reunión. Contaba por capítulos sus andanzas en Filipinas. La guerra era narrada paso por paso. Nos dejaba con la boca abierta. Cuando llegaba cada noche, preguntaba:
- ¿ Por dónde iba ?
           Y seguía la historia que duraba hasta terminar con todas las panochas.
           Como terminábamos sabiendo de memoria toda la historia, había veces que le corregíamos diciendo que la historia no era así. Él, enfadado,  decía:
 -Pero, niño... ¿ tú estabas allí ?
 

LOS COLCHONES DE FARFOLLAS

         Las farfollas se aprovechaban para rellenar  unas bolsas grandes que hacían de colchones. Eran las sustitutas de la lana en los hogares  menos pudientes.
         Los colchones quedaban con un grosor de más de medio metro y, cuando te acostabas sobre ellos, quedabas hundido, rodeado de colchón. Tenías la sensación de que te iba a tragar. Cada vez que te movías, las farfollas empezaban a sonar.
        Al día siguiente se iba ahuecando con las manos el relleno y el colchón volvía a estar esponjado.
        Los días buenos, los colchones se ponían al sol para que se secaran bien las farfollas.

Volver a rincones