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Pues sí, aquella mañana, me levantaron a la hora en
la que siempre lo hacía mi abuelo.
Yo siempre había estado en la cama, cuando sentía sus pasos en el water, en la cocina y luego bajando al corralón, para irse con los hombres que siempre lo esperaban a trabajar en el campo. Los hombres lo esperaban en la puerta del corralón, que daba a la calle en la que estaba la posada de Vallejo y al fondo la almazara de Tristán. Al otro lado de la calle estaba el Huerto de D. Norberto el médico, que era vecino de mis abuelos. Durante varios años, en los bajos de la casa de D. Norberto, estuvo trabajando el "Catite", hasta que se marchó enfrente, a los bajos de la casa de Domingo Lázaro. Me lavaron, repeinaron y tomé, como siempre, el tazón de sopas. Se ve que ya se había decidido todo sobre mi ingreso en la escuela, pues apareció mi tío Manuel y me tomó de la mano. Al pasar ante la tienda de "Enriqueta" me compró una pizarra y un pizarrín blando. Yo no sabía nada de pizarrines blandos o duros, pero pronto lo aprendí. Los blandos no rallaban. La escuela estaba en la misma Plaza Mayor, en los hoy arcos del ayuntamiento, Teníamos que subir una planta y, en el recodo, había una puerta a la que le decían "el calabozo" y era una habitación excavada en la piedra. La escuela era amplia, y tenía un solo balcón dando a la plaza. Frente al balcón se veía un bodegón, que, en su puerta, tenía siempre un tonel y unos bancos de madera pegados a la acera.
El alfabeto cantando, y la geografía cantando. Todavía me sé: España limita al Norte con el mar Cantábrico y los montes ... La gramática, La eme con la a, Ma... El Miño nace en Fuente Miña, etc, etc... Aún me sé todo el sonsonete. Reconozco que fui un privilegiado, pues a mi maestro le gustaba salirse al bodegón de la plaza y, a los pocos meses, yo dirigía el sonsonete del estudio. Cuando acabamos un número, o un río, o una lección de gramática, me asomaba al balcón y él me decía lo que teníamos que seguir sin subir a la clase. En el descanso bebíamos agua en un cañillo que había en la plaza, a la misma entrada de la calle estrecha que bajaba a la calle del Agua, al lado de El Canico. Se bajaba por dos escalerillas, una a cada lado del cañillo. Abajo, había un urinario en el que hacíamos cola, lo mismo que en el caño.
Otra cosa que recuerdo, es que no tenía amigos de mi edad. Todos eran un poco mayores en años que yo pero hice buenos amigos. Reitero que fui un privilegiado, pues aprendí rápidamente. Tuve también una buena recompensa, en casa de mis abuelos paternos, pues me dejó mi abuelo que tomara por las noches algunos libros de la gran biblioteca que tenía. Lo que más me gustaba leer era a Cervantes y a Quevedo. Eran libros enormes. Cuando ya fui mayor y tuve casa y un patrimonio propio, intenté hacerme de alguna de las cosas que habían formado parte de mi infancia en esa casa. Los libros, la espada, el árbol genealógico,.. NO ENCONTRÉ NADA. Un
recuerdo de Manuel Gallego Morales ( Baza - Granada )
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