Nos contaban
de pequeños que, en algunas noches de luna llena, cuando alguien
pasaba por el camino de la estación, en la Higuerilla Loca, podía
encontrarse con un hombre vestido de levita negra que le llamaba para que
se acercase a una mesa en la que había un candelabro con velas encendidas,
una escribanía y un libro.
Acto seguido,
el de la levita se ponía a escribir en el libro. En él quedaba
escrito el testamento del pobre incauto que había tenido la mala
suerte de pasar por allí y que, pasados unos días, moriría
sin remisión.
Leyenda popular
fiñanera.
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