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El Cerro de Olila viene a mis recuerdos asociado a la alegría y
a la tristeza.
La alegría:
¿Recordáis cuando hacíamos las cometas?.
Íbamos siguiendo la procesión de San Sebastián
para buscar los
cohetes y quitarles la cuerda que
reforzaba el
propulsor. La íbamos liando y presumíamos
si al final
nuestro rollo era el más grande.
Terminadas las fiestas, hacíamos las cometas con
cañas
y papel pegado con masa de harina. Le poníamos
la cuerda de
los cohetes y volábamos las cometas desde
el cerro aprovechando
el aire de levante. La cometa volaba
por encima de
la Calle Real y, a veces, y si se había sido un
campeón
de recogida de cohetes, hasta casi la Alcazaba.
La tristeza: Recuerdo
que un año, durante unas Misiones,
se hizo un Vía
Crucis por todo el Calvario y terminó en lo
alto del Cerro.
Las mujeres vestidas de negro y el cura
dando voces llamando
al arrepentimiento mientras mucha
gente lloraba.
Se me quedó grabada esa imagen.
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Desde la Alcazaba
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