CATAPÚN


                        Catapún era grande, muy grande. No puedo asegurar que fuera tan grande. Pero así era como nos parecía.
                        Y pobre, muy pobre. ¿ Habría alguien más pobre que Catapún ?
                        Iba por las casas con una lata donde la gente le echaba las sobras de
la comida. Y, en el mismo tranco de esa casa, se sentaba, sacaba una cuchara del bolsillo y daba buena cuenta de lo que le habían dado. Malos tiempos corrían por entonces en Fiñana...
                        Cuando pasábamos por la plaza y lo veíamos en los soportales del Ayuntamiento nos acercábamos a él y le preguntábamos:
-Catapún, ¿ nos quieres contar cuentos ?.
                         Si nos decía que no es que el pobre estaba decaído. Pero si nos decía que sí, ya sabíamos cual era nuestra misión. Recorríamos Fiñana de punta a punta buscando colillas de cigarros y le guindábamos a nuestros padres alguna unidad de su librillo de papel de fumar.
                         Como por entonces los cigarros no tenían filtro y la gente los apuraba al máximo se tardaba mucho tiempo en hacer una buena recolección. Pero bueno, una vez conseguida nos íbamos para los soportales y le entregábamos a Catapún el fruto de nuestro trabajo.
                          Catapún se sentaba en el banco y nosotros nos sentábamos en el suelo alrededor de él formando un grupo cual maestro con sus discípulos.
                          Empezaba a desmenuzar colillas y a liar un cigarro pausadamente. Todos estábamos esperando a que empezara a decir "pues señor, érase...". Ahí era llegado el comienzo del cuento. Iba contándolos lentamente y fumando muy rápido. Eso daba más emoción al relato pues sabíamos que, terminado el tabaco, terminaba la sesión. Y así un cigarro tras otro con su correspondiente cuento.
                          Catapún hacía una versión libre de los cuentos de Calleja. O se los inventaba para hacernos pasar con él más tiempo.
                          Pues bien, de Catapún aprendimos como liar un cigarro y a echarle mucho cuento a la vida. Cuando nos pillaban cogiendo tabaco de nuestros padres siempre tenías la escusa de decir:
-Es para Catapún.
                          Cuando metíamos un rollo en la casa nuestras madres decían:
-TIENES MÁS CUENTOS QUE CATAPÚN.
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