El asentamiento privilegiado de Fiñana, orientada hacia el sur, ha influido permanentemente en su arquitectura. Cualquier construcción buscó esa orientación. Si no la fachada principal, la parte trasera del edificio con una pequeña solana.. Viendo un plano de Fiñana sorprende su sencillez. Todas las calles confluyen perpendiculares a una que hace de eje del pueblo, excepto algunas,como la calle Sol que se mantienen paralelas a distinta altura. No siguen esta regla las que antiguamente fueron caminos. Pocas son las casas que no forman sus esquinas en ángulo recto, a excepción de las de zonas de ensanchamiento. Todas estas características hacen que Fiñana se presente ante la vista, alargada y escalonada, con edificaciones cúbicas que mantienen un constante equilibrio en su deseo de asomarse a la vega. La casa estaba levantada sobre gruesos muros de 80 a 90 cm, de lastras y barro los de la planta baja y barro y paja los de la superior, enfoscados con arena y cal. Los techos estaban formados por gruesos maderos que soportaban las cañas, la tierra y el suelo de aleras de pizarra. El "terrao", cubierto con launa. Se entraba desde la calle a un corralón, sin puerta al exterior, empedrado con cantos rodados, que servía para guardar los aperos de labranza y hacer la matanza. Desde aquí se pasaba al corral o al patio con subida a la segunda planta y a la entrada de una bodega. La segunda planta constaba con una habitación grande en donde se hacían todas las tareas. Tenía una chimenea y daba paso a un dormitorio que comunicaba sucesivamente con los demás. Contaba con pequeñas ventanas que, junto al grosor de los muros y la orientación al patio o a la cocina, paliaban las inclemencias del tiempo. Sólo daban a la calle la ventana del corral, la de un dormitorio y la de la cocina, que daba al sur. La ventana de la bodega al patio, con protección contra los insectos, casi siempre abierta, aseguraba la perfecta curación de los productos de la matanza. Sobre
la arquitectura fiñanera.
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